5 enero, 2004
I O I
Publicado en Actualidad, Ciencia, Ma(k)ia, Reflexión
El año comienza con días despejados y un sol generoso. J. J.[1] sigue empeñado en su hipótesis IOI: ¿Cuál es el sedimento común en las civilizaciones berebere, maya, egipcia y seguro también india y china? ¿Quiénes son los semidioses que originan las distintas dinastías, trayendo consigo el secreto del detonante en sus respectivos desarrollos culturales? ¿De qué dimensión proceden los extraterrestres? La evidencia no más llega al cuestionamiento de nuestra Historia; a saber, culturas tan sofisticadas como la actual mucho tiempo antes de lo sospechado. Se desploma el castillo de naipes.
Mi intuición: El salto cualitativo sufrido por la especie humana se produce por la interacción entre una inadaptación al medio natural y los efectos de ciertas sustancias[2] venidas del cosmos. La conciencia supone la comunión de lo humano con la naturaleza, llevada a cabo en el paradigma silencioso matrifocal. La construcción del mito en torno al animal es masculino: solo un reducido grupo guarda el misterio, haciéndolo secreto. Aquí se inicia la civilización, sofisticación del poder. Desde entonces, baile de máscaras que conformará la dimensión de las ideas, metafísica del texto.
[1] Benítez, en el programa Planeta encantado de RTVE. (Eliminado de rtve.es)
[2] Hongos y evolución o Una conversación sobre platos voladores, en La nueva conciencia psicodélica (1991) Terence McKenna.