22 marzo, 2011
Autoficción
Publicado en Escritura, Reflexión
(Sin título/Anónimo)
Si has pagado por leer esta copia o si estudias esto en la universidad es que el asunto ha terminado como siempre, es decir mal. Si por el contrario, esto que escribo puede ser leído de forma gratuita y libremente, entonces quizá aún queda alguna esperanza, como siempre también. En cualquiera de los casos, yo ya habré muerto, seguramente. ¿Hay alguien ahí?
Comienzo a escribir con la duda que me acompañará en todo momento. Creo que todavía estoy a tiempo de renunciar y, porque desconozco las reglas, no sé si existe algún punto de no retorno en esto, el más peligroso de los juegos. ¿Traerá las mismas consecuencias limitarse a completar la redacción sin editarlo, sin abandonar jamás el disco duro de este portátil, y no llegar a hacerlo público nunca? ¿Cómo calcular la repercusión, si es que consigue provocarla?
Escribo contra todo pronóstico, con la única intención de cumplir esta misma posibilidad: escribir es pensar fuera de sí. No es fácil, hasta ahora ha sido más bien imposible; por ahora. La dificultad estriba en conseguir unir las palabras de tal forma que al leerlas aparenten un discurso natural y fluido, en lugar de evidenciar este triste desorden mental o lo que es peor, aburrir a quien las lee con un abuso imperdonable de justificaciones redundantes.
Si aún sigo escribiendo es porque todavía no encuentro otra posibilidad. Yo quisiera no verme en la obligación de hacerlo y poder vivir sin más, pero no parece que vaya a cambiar esta situación. Espero que no traiga consigo el peor de mis temores, aunque no puedo dejar de pensar que todo será así inevitablemente.
En serio, ¿soy yo o todo es una completa locura? Reconozco mi parte y por eso comparezco aquí, ante esta suerte de espectador trascendental colectivo, para compartir mi enajenación con quien pueda comprenderla. ¿Acaso no estamos de acuerdo en que, mientras escribo esto a comienzos del siglo XXI, parece haber una absoluta ausencia de control que se dirige hacia el caos total [en ambos sentidos]? ¿Seguro que no soy solo yo?
Esto no es ciencia ficción. La especie humana está en un callejón sin salida, producido por un terrible malentendido fundamental y su consentimiento de manera consciente en el peor de los casos. Esta situación deriva del todavía insuficiente conocimiento, y en consecuencia manejo, de aquello que nos diferencia del resto de seres vivos, es decir, la dimensión simbólica, el pensamiento abstracto, la cultura, el lenguaje, la razón o como quiera usted llamarlo.
En otras palabras, tenemos que aprender a utilizar esta poderosa herramienta, comenzando por encontrar la forma de comprenderla. Mirando con cierta perspectiva, nos encontramos en un estadio paradójico, con las mismas oportunidades de emancipación y aniquilación definitivas a partes iguales, o más de lo mismo con otro envoltorio, no lo olvidemos.
Vivimos la prehistoria de un cambio de paradigma sin precedentes, tal vez el alba de una nueva forma de vida y con ello, la definitiva estabilización de nuestra evolución, la hiperrealización del superhombre para bien y para mal, simultáneamente. Queda aquí la prueba evidente de que esto ya no es solamente pensable, ya no es un terreno exclusivo de la fantasía y apuesto a que mientras escribo, tampoco lo es de la teoría.
¿Cuánto falta para el 2012? Me digo que empezaré a encontrarme en el mundo a partir de esa fecha, hasta entonces no pienso malgastar un ápice de mi energía en la posteridad. Sin embargo, estoy a más de un año y medio, con la prisa inútil de quien sospecha en secreto que todo será en balde; la tormenta electromagnética descargará justo en el momento de imprimir la copia de seguridad y todo el esfuerzo por fin empezará a merecer la pena.