Tanatografía

15 enero, 1999

Sin fecha 3

Publicado en Actualidad, Arte, Biografía, Escritura, Reflexión

[Inicios de 1999.]

 

“Azul, la mañana es azul…” petróleo.[1] Los profetas del drogadismo están encerrados en el armario de atrás del ARSEC. Como los comiqueros, pajilleros infantiloides que son superhombres de puertas adentro.

La cultura gay nos regala una modalidad de catarsis vital: salir del armario como excusa para ser uno mismo.

 

No hay lugares privilegiados. El espacio del arte está cerrado en sí mismo, la esfera de la filosofía del arte es demasiado estrecha. ¿Hay algún dominio susceptible de albergar una amplia mirada sobre lo humano? La historia del pensamiento, el modo en que el yo se ha interrogado sobre sí a lo largo de, o mejor, en la diversidad del conjunto de las producciones humanas.

¿Cómo encarar la tarea de desenmascarar lo que nos conforma? ¿El mero hecho de escribir ya implica una renuncia? Supongo que la cuestión es ir más allá de donde uno está, ser continuo para no detentar puntos de vista. Solo encuentro un camino: ampliar la consciencia.

 

Registrar cintas de casete con mis conversaciones, sonidos de la calle, entrevistas de la televisión… y lanzarlas al olvido. Las cintas perdidas.[2]

 


[1] Mezcla del bolero Mañana de Carnaval (adaptación de la original en brasileño, Orfeo negro) y el libro Azul petróleo (1998) Boris Izaguirre.

[2] Algo que me sucedió, sin pretenderlo, durante un viaje en bicicleta por la costa portuguesa, (¿poco antes o después?).

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