Tanatografía

15 junio, 2000

Trabajos de clase 8 (Sin fecha)

Publicado en Actualidad, Arte, Biografía, Educación, Reflexión

[Trabajo sobre La sociedad del espectáculo, de Guy Debord, para Historia del Arte III. Panfleto situacionista. (Fragmento.)]

Efectivamente, la demanda para trascender a una sociedad sin clases depende, ya no de una clase de la conciencia que viniera a suplir el vacío de poder, sino de nuestra capacidad para crear una conciencia alternativa, que admitiera las herramientas conceptuales conocidas, bajo una nueva forma de comprensión de la realidad basada en un modelo paradójico/integrador, y no contradictorio/dual.

 

[Teoría de las artes electrónicas, por Eugeni Bonet. Entre la resistencia y la refundación.[1]]

Si la crítica no deja de ser una actividad de retaguardia y la teoría un ejercicio de la utopía, no hay posibilidad para superar esta situación de contradicción entre la realidad y el modelo que la describe. ¿No es acaso esta dinámica la misma que anida en el propio discurso de la tecnología? ¿No es el ejercicio discursivo el desarrollo de una tecnología más? Con frecuencia olvidamos que la condición humana es algo indisociable de la producción de una técnica y que es precisamente esa técnica la que empleamos para cuestionarla.

Y pienso que a estas alturas nadie puede eludir la crisis que en la actualidad sacude al sistema cultural de las sociedades poscapitalistas. Dejando de un lado las polémicas estériles, hemos de reconocer que tal acontecimiento implica la sospecha sobre toda construcción cultural, por su presunta implicación con la voluntad de dominio. Desde luego que el totalitarismo anida en la tecnología, pero ¿desde hace cuánto tiempo venimos perpetuando un sistema que a fuerza de no cumplirse, tiene que disfrazarse de innovación? Cómo es posible ignorar que tras los mejores deseos de emancipación no hay más que la promesa de un sueño irrealizable.

 

[Hª del Arte III. Guía de la exposición Campos de fuerzas. Un ensayo sobre lo cinético.]

Una reflexión sobre los aspectos concretos que la configuran y sus implicaciones, de forma solapada: las estrategias de exhibición, la experiencia personal y la elaboración de este discurso. Pasen y vean.

Me gustaría llamar la atención sobre el papel que esta institución ejerce como legitimadora de la cultura, en la determinación de una realidad sujeta a regímenes de aparente visibilidad (“What you see is what you got”). No una velada imposición desde la ley, sino el reconocimiento de las condiciones de circulación del arte en la actualidad: No represión, sino seducción y fascinación. Una experiencia sensorial genuina para el espectador, resultado de la yuxtaposición de las obras y no teórica. Sin embargo, la relación in situ y el carácter lúdico de las obras se ven contundentemente mermados por la limitación del museo, bajo la inquisitiva mirada de la seguridad y los Amigos del MACBa: prohibido interactuar.

Despliegue espectacular presente en el doble análisis del discurso de la exposición, en las formas (cartel, panfleto, catálogo, conferencia) y los contenidos. El despropósito en la no correspondencia en el interior del dispositivo museístico entre las propuestas y su disposición. La redundancia en el continuo aplazamiento de una proposición inacabada, quedando nada más que la exposición contradictoria de sus términos.

El movimiento es la clave para superar las dicotomías que giran en torno al arte, resueltas atendiendo a modelos dinámicos de comprensión procedentes de la Física (campo, nodo) o la obra abierta (Umberto Eco), pero filtrados por la dialéctica y en consecuencia anestesiados por la persistencia de la concepción dual. ¿Cuál es el cometido de la exposición? Evidentemente, legitimar su estatus de mediador a fuerza de crear situaciones que justifican su existencia; “poner límites, disponer un marco…”

La cara complementaria del asunto sucede en paralelo, en las IV Jornadas Internacionales sobre Enteógenos (Sd’EA),[2] unos seminarios realizados en el seno de otra disciplina y que describe el arte desde otro ángulo, remitiendo a unas coordenadas propias. Sin embargo, se puede establecer una clara simetría entre ambas propuestas si atendemos, no tanto a la jerga o los contenidos, como a las condiciones que determinan las estrategias de cada institución.

Conclusión: El arte, desde luego está en otra parte. Demócrito habla por boca de los sentidos: “Pobre intelecto, nosotros te hemos prestado la evidencia de ti mismo, ¿y tú quieres derrotarnos? Tu victoria es tu derrota.”

 


[1] Comentario a partir de dos artículos, de John Armitage (Resisting the Neo-Liberal Discourse of Technology, 1999) y Félix Guattari (Para una refundación de las prácticas sociales, 1992).

[2] Donde coincidí con Frank G. Rubio y compartimos, entre risas, la crítica de la contracultura desde dentro.

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