9 enero, 1997
Tren a Barcelona
Publicado en Arte, Autoayuda, Biografía, Dibujos, Material, Reflexión
Primer apunte del año, cuando regreso de las vacaciones de Navidad. Tras un corto sueño, disfruto del encanto de los trenes comiendo en la cafetería. A diferencia del bus, el tren te permite disfrutar más del viaje, pudiendo tomar algo mientras se contempla el paisaje a través de grandes ventanales. Es muy poético. (Breve trajín ordenando mis bultos porque se ha derramado colonia entre los papeles.)
Sigo escribiendo, esta vez sobre los pensamientos que me sobrevienen al recordar la grabación del año 93 que ayer escuché. Lo que más me ha sorprendido es la distancia tan grande que separa aquel Mayo del 93 de este Enero del 97. Tres años y medio que unen tanto como distancian a aquel de éste que ahora soy. Diferencias que resaltan los parecidos y constantes que acentúan el cambio. Sorprendido me deja sobre todo escuchar en mi otra voz acontecimientos que preveía y conocía en aquel momento y que hoy ratifico del pasado.
La reflexión se dirige a la falta de valor que tuve con problemas que entonces eran presentes. Problemas que por otra parte vienen a ser los mismos que aún hoy sufro. Fútil esfuerzo donde el propio fallo constituye el mejor acierto; errores que luego construirán, y lo siguen haciendo, mi personalidad. Desde esta etapa reflexiva en que miro hacia mi pasado, descubro semejanzas entre pensamientos que ahora rondo y las apenas dudas que, contaminadas por un sistema de valores arquetípico, antes me atrevía a plantear. Es curioso escuchar cómo algunos temas son vistos desde perspectivas totalmente opuestas, otros permanecen sin cambios y algunos evolucionan sin más.
Igual que ayer, hoy quiero anotar algo de mi yo actual. Además de lo que el propio hecho de mirar al pasado y de reflexionar esto mismo ya dicen de mí, me gustaría anotar el reconocimiento de encontrarme en los coletazos de aquellos días. Hoy, tres años y medio después, sigo alargando un proceso que habrá de cristalizar en quién sabe qué. Como conclusión final y aparte de los reproches que todavía puedo alegar en mi contra, deseo sobre todo felicitarme por haber conseguido mi propósito original y por seguir haciéndolo. Así, nada más me queda continuar viviendo y continuar creciendo, ayudado espero por mis propios errores.

Ejemplo de lo que puede dar de sí un viaje de más de 12 horas:
LA INACCIÓN COMO FIN ÚLTIMO es la conclusión a la que llego en estos momentos. Claro que fin último no significa único, ni tan siquiera válido o correcto. Mi pretensión es la de llegar a una premisa final que, a modo de síntesis de mi pensamiento, justifique mis acciones. Tanto da hacer algo o no si lo que se busca es el reconocimiento o la mera expresión. La comunicación, al fin y al cabo, solo necesita de dos personas: un sujeto productor y un sujeto receptor, yo y yo.
Así, si hago cualquier cosa, por mínima que sea, tengo asegurada la finalidad última en mí mismo. Por lo tanto, el objeto de lo que haga en adelante habrá de ser algo circunstancial y carente de toda importancia, pues el destino de la creación se cumple incluso antes de que ésta se lleve a cabo; la creación será arbitraria y autoconsecuente, libre. A pesar de todo no faltarán momentos, si es que alguna vez hay otros, en que los condicionantes externos adversos impedirán la propicia celebración de tan deseada vida para mí. Fin.