21 junio, 1999
Trabajos de clase 6 (Sin fecha)
Publicado en Arte, Educación, Escritura, Reflexión
[Psicología del desarrollo. Narrative is linear. Action is solid.[1] Excusa para sintetizar mis investigaciones filosóficas hasta el momento. (Fragmento.)]
Partiendo de la lectura de los textos ofrecidos, disciplina sin igual por la trascendencia de sus expectativas, propongo crear un contexto de reflexión más profundo para, finalmente, comprender la experiencia del ser humano.
“La belleza es difícil.”[2] Debido a la irreductibilidad del objeto de estudio, el pensamiento se ubica antes en el terreno de la moral que de la especulación. La dificultad deviene condición; la asunción lúcida de la complejidad comporta un posicionamiento. La dimensión humana ES paradójica y reside en la asunción de la contradicción. La crisis contemporánea son los problemas derivados de la negación, o cuando menos ignorancia de esta cuestión: la confusa mezcla entre el pensamiento sistemático (o científico) y el analógico [mágico, artístico, Humanidades en definitiva].[3]
Frente al turbador desconcierto de la disciplina ofrezco esta aproximación, mediante una serie de intersecciones que apenas se erigen como indicadores de ulteriores líneas de investigación: La Mente no responde a los criterios ontológicos del reduccionismo científico, y la definición de lo humano escapa a la disyuntiva siempre presente en los debates sobre la Fisiología, Psicología, Antropología o [la teoría de] la Evolución, constituyéndose como paradójica. La noción de Desarrollo atiende a los factores morfogenéticos y ambientales, que se relacionan constituyendo una red de infinitos condicionantes. Para estudiar la legitimación de la Psicología me remito al análisis del campo farmacológico.[4]
En conclusión, cuanto más injerencia ejerce la cultura sobre el sujeto más fácil resulta la aplicación de modelos para su comprensión. El ámbito de la investigación actual ni siquiera consigue alcanzar el carácter procesual o transdisciplinar que propone. El aparato científico reconoce su precariedad pero no es capaz de plantear la autocrítica y prefiere legitimar su privilegio por encima de la consecución de sus metas. En mi formación como alumno, la comprensión crítica que propone la institución, lejos de ser promovida, responde a la múltiple confrontación entre modelos excluyentes, en continuadas crisis producto de tal conjunción de despropósitos.
Según un antiguo mito,[5] la escritura nos fue concedida para no depender de la memoria, pero en contrapartida albergaba el peligro de ser privilegiada por encima del propio conocimiento. Ya desde su inicio, la producción textual se revela motor y justificación del ejercicio de poder. La filosofía queda subyugada por la dimensión del texto, esfuerzo para explicar la realidad y a la vez negación de sí mismo. En la Enciclopedia, el artículo sobre la belleza[6] establece el conocimiento en la percepción de las cosas en base a la idea de relación, constituyendo la excepción a la norma, nunca mejor dicho.
A partir de entonces, la Modernidad supondrá el conflicto entre la búsqueda de la emancipación y la imposibilidad de su consecución. El arte es la celebración dionisíaca de la vida, estética negativa, encadenando acciones que encierran el sinsentido.[7] La fractura lingüística reconoce el ensimismamiento del discurso, y la objetivación, en su consecuente predisposición a la anestesia dialéctica. La cuestión posmoderna anuncia una transición todavía hoy incompleta, aunque la discontinuidad no es tanto una ruptura como un periodo de confusión epistemológica.
El arte moderno se rige por la doble condición mónada–alteridad, mezcla de la tradición platónico-hegeliana y la dinámica anti-arte vanguardista; incesante búsqueda de la idea y su continua mutación para no ser nunca alcanzada. La única libertad posible se encuentra en la disidencia como ejercicio del sinsentido, la última etapa de la aproximación hermenéutica, y no su reverso, la práctica social contemporánea, posmodernidad regresiva.[8] Del modo en que yo lo veo, la Vanguardia se acerca a un momento crítico en la contradicción que el arte encierra, la barrera que supone su definitiva disolución en la vida.
El origen del conflicto es el propio modelo conceptual y el modo de relacionarse con el mundo que entraña, con el privilegio del discurso en la mediación de la realidad, lo que implica el sometimiento a unas estructuras conceptuales que confinan los márgenes de lo pensable y el orden establecido. En este sentido, no encuentro mejor solución que compartir mis propios referentes, invitando a la exploración existencial sin la obligada contención de modelo preconcebido alguno. El dosier de textos que incluyo establece una red de diálogo en múltiples direcciones; tan mío es mi discurso como el uso que doy al puesto en boca de otros.
[1] Frase célebre de Thomas Carlyle extraída de On History, 1830.
[4] Thomas Szasz, citado en Historia General de las Drogas (1998) Antonio Escohotado.
[5] Sócrates hablando a través de Platón, dos tradiciones filosóficas, personajes de Historia-Ficción.
[6] Tratado de lo bello (1752) Denis Diderot.
[7] El nacimiento de la tragedia (1872) Friedrich Nietzsche.
[8] De las clases impartidas por Martí Perán en la asignatura Filosofía contemporánea del arte.