14 mayo, 2000
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Publicado en Arte, Biografía, Reflexión
Esto es la hostia, los acontecimientos se suceden a una velocidad imposible y apenas tenemos el tiempo suficiente para encontrarnos. Yo por mi parte estoy cada vez más enloquecido. No sé cual es el grado de implicación que cada uno pueda tener con respecto a lo tenemos ante nosotros, ni puta idea de si acaso alguien está pensando o sintiendo o viendo o notando algo parecido a lo que vivo yo, pero en el caso de que así sea, supongo que estaremos de total acuerdo en la necesidad de empezar a intercambiar y compartir propuestas, con el propósito de dar el golpe, sin más.
El arte de este tiempo redunda en algo que antes no había sido más que un eco y que hoy es completamente evidente: la definitiva extinción de un modelo caduco y la complementaria aparición de manifestaciones que atienden a otro tipo de sensibilidad. La última vuelta de tuerca sucedió en 1984, la anterior en 1968, antes en 1945, etc. y cada una de ellas constituye la inversión de la anterior, como cuando construyes geométricamente una espiral hacia dentro.[1]
Pues eso, yo sigo con lo mío, mientras puedo. Es curioso, cada nueva cosa que descubro se suma a las demás multiplicando exponencialmente la complejidad de relación entre los diversos temas que abarco y sin embargo, el ejercicio mental que permite integrarlos es cada vez más sencillo. Siento que ando cerca de algo realmente inaudito, de una forma de pensar que resuelve TODAS las incógnitas, de la solución definitiva al proceso de auto-superación humana, algo así como dar con la piedra filosofal o movidas por el estilo. Y pensar que es un hecho insospechadamente evidente. En la actualidad estoy tratando de compilar todas las cosas que he aprendido hasta la fecha, con la intención de ordenar de manera coherente mis ideas para poder ser compartidas con los demás. Es una tarea que exige dedicación y perseverancia, algo de lo que desafortunadamente no dispongo, pero no me queda más remedio que continuar como hasta ahora, avanzando a trompicones contra viento (facultad) y marea (dinero).
Crear una versión hipertextual del I Ching,[2] con diferentes niveles de lectura: la cronología de su elaboración, los comentarios, introducciones, las notas de la traducción, además de la posibilidad de acceder al oráculo y las reglas de su uso. Tomar el texto dado y sacarle el potencial holístico.
[1] Por la clases de Historia del arte contemporáneo.