24 abril, 1996
Cumpleaños
Publicado en Arte, Autoayuda, Biografía, Dibujos, Escritura, Material, Reflexión
Hoy hace veinte años que llegué a este mundo. Veinte años. Hoy, veinte años después de nacer, desde hace veinte años, es la primera vez que me encuentro solo. Llevo veinte años viviendo hacia los demás. Nunca en todo este tiempo había estado del todo conmigo y confieso que es una extraña y desconocida situación que me produce cierta incomodidad. Y es que no sé estar solo. Durante este tiempo he podido apreciar dos cosas. La primera es que no he pensado en el resto de la gente, no he tenido en cuenta qué podrían estar haciendo o qué podrían pensar al saber lo que hoy he decidido. La segunda es que tampoco he pensado en mí, o desde mí, o conmigo.
Las primeras horas, en las que he ido a por mi tarjeta o caminando por el metro, o incluso cuando iba por la calle, no he dedicado ningún momento a pensar; estaba como un zombi, simplemente mirando cosas. No ha sido hasta la comida cuando he dejado de hacer cosas y me he dado cuenta de que en todo el día no he pensado nada. Incluso entonces no pensaba nada. Parece mentira que alguien pueda ir por la vida sin pensar. En nada. Normalmente es lo que yo suelo achacar a la gente que me rodea, lo que normalmente pienso del resto de la gente cuando voy en el metro, por ejemplo. Pero no sé si es peor eso o lo mío.
Miro a la gente a mi alrededor y veo cómo tienen algo. Se acaba de marchar uno que me ha preguntado la hora y no era de aquí; leía un libro en alemán y llevaba un estuche con algún instrumento dentro. Una pareja se besa fuera; un tipo pide más pan; al fondo a mi derecha, una morena fuma sola en una mesa donde antes la acompañaban cinco personas más; en la esquina, dos chicas comentan un libro que apenas veo entre sus carpetas; las camareras van y vienen o se paran bajo la entrada del café. Mientras todos desarrollan sus propias vidas yo escribo sobre lo que ellos hacen.
¿Es esto pensar? Me pregunto cuál es mi postura ante el mundo que me rodea. Me pregunto qué tengo que decir ante esto, si es que tengo algo que decir. Es imposible decir nada cuando te preguntas constantemente si eres o qué eres. Claro que quizá es eso lo que puedo hacer, hablar sobre mi propio problema. Siempre había pensado que crear, porque hablar de Arte a estas alturas es algo que no tiene sentido,[1] era opinar o ver, o sea, afirmarse en lo que se dice. Siempre había entendido este ejercicio como el producto de mentes egocéntricas que no hacen sino constatar su propia y única visión del mundo. Pero ¿qué sentido tiene exponer a los demás los problemas que uno mismo tiene? ¿En qué consiste el Arte? ¿Qué es el Arte, en abstracto? ¿A qué podemos llamar obra de arte? ¿Qué la diferencia de lo que no lo es? Ya no consiste en la habilidad técnica, como se entendía antes del siglo XX. Quizá es la adecuación entre lo que quieres decir y el cómo lo materializas. El arte sigue siendo idea a través de la materia, como creo que ya decía Aristóteles. Hacer arte sigue siendo la expresión de un yo que está detrás, pero ya no tiene por qué ser un genio o nada por el estilo.
[1] Al contrario de lo que pienso ahora: no hay creación y sí una diferencia entre arte y Arte.
