Tanatografía

4 marzo, 1997

Educación artística

Publicado en Arte, Autoayuda, Biografía, Educación, Escritura, Fotos, Material, Reflexión

Hace tiempo que no dispongo de ganas de escribir y ahora que sí tengo, debo contar cuatro cosas que me hacen pensar. Lo que más me ha afectado ha sido la vuelta, o el comienzo, de las clases y con ellas la aparición del profesor de Educación, Fernando Hernández. Entre otras cosas ha dicho que con el método de Aprendizaje por descubrimiento, basado en lo que uno aprende por sí mismo, se cae en el error de creer descubrir premisas que uno cree nuevas pero que ya han sido descubiertas con anterioridad (¿te suena?) y que esta práctica deviene ignorancia y en consecuencia creencia. Estaba pensando que me recuerda en cierta manera a Monterde, aunque hay una gran diferencia, que antes el efecto no lo reconocía hasta tiempo después, mientras que ahora lo critico y asumo al instante. Esto es porque me coge un poco más maduro que entonces.

Algo que he aprendido es el matiz con el que pienso que no quiero ser artista. Lejos de pretender serlo sin serlo, se me ofrece la oportunidad de serlo sin pretensiones externas y esto es de modo más libre. Alguien que hace Filología no busca ser escritor y sin embargo quien lo es lo hace por iniciativa propia y con estudios de Filosofía o Historia o lo que sea. Lo que pretendo decir es que es un error venir a esta facultad buscando ser artista y que bien podría darle la vuelta a la pretenciosa frase que a veces he dicho, que en la facultad se nota quién vale y quién no. Me alegra sumar cotas de humildad que favorecen el auto-conocimiento y que alejan el auto-engaño. Es un orgullo poder afirmar un cambio dentro de mí. Un cambio que ya no es traumático por la ansiedad de las ganas de conseguirlo, ni descerebrado por lo alto de las miras. Cada vez más mi cambio es constante, aunque en pequeñas dosis.

 

Escribir el próximo volumen del diario en forma de libro autobiográfico, con todo lo que hacerlo bien conlleva.

 

Taller de Pintura.

Llevaba todo este tiempo escribiendo en el Taller de Pintura, esperando que dieran las 7 para ir a clase de Pedagogía y en éstas, comienza a sonar una guitarra acústica que al poco es acompañada por un saxo. Parece mentira pero es cierto. Los de al lado están montando una sesión musical y yo aquí, escuchando, henchido tras lo escrito y solo. Voy a encenderme un cigarro y a disfrutar del momento.

Estoy dándome cuenta mientras escucho la música, de la relación que puedo establecer sobre el valor del aprendizaje de las artes para el desarrollo de la personalidad. Es gratificante vivir en carnes propias lo leído en algún otro sitio. La relación de la teoría con la práctica. Desde luego me desconciertan los cambios. Aún así pienso que me sientan bien, al menos en momentos como éste, en los que puedo reflexionar sobre lo que ocurre. También creo que, pese a que me sea duro, la soledad me sienta bien. Es como si mi yo interior y el exterior se unieran para ser simplemente yo. Es en estos momentos, cuando siento que no soy yo del todo, que siento ser más algo que se deja llevar.

Escribo y escribo y me dejo llevar por mis propias palabras y pensamientos. Hace algunas noches, justo en ese momento antes de dormir, cuando estoy en la cama disfrutando de una lucidez capaz de engendrar grandes ideas, pensé que estaría bien ser capaz de echar mano de estos escritos justo en momentos como los de ese tipo. Y sucede que cuando tengo ideas que apuntar no llevo la libreta conmigo, y en otros momentos como ahora, me pongo a escribir sin saber a ciencia cierta qué, sin lograr dejar constancia de esas geniales ideas. Porque a veces creo que es al revés, que pienso algo porque antes he hecho alguna otra cosa que lo propicia.

Esto viene a cuento, tal vez, porque mi voluntad con estos escritos, aparte de servirme de desahogo, es la de releerlos en algún futuro lejano para recordar cómo era (soy). Entonces, discuto conmigo sobre cuál debe ser el contenido de estas notas. ¿Debo contar lo que ocurre cada día sin más? Sé que una vez leído, vuelven a mi memoria tales recuerdos, que desafortunadamente suelen quedar reducidos a fechas y actos anecdóticos. Claro que por otro lado, si el recuerdo no se encuentra muy alejado en el tiempo, logro incluso recordar cómo sentía o qué pensaba. Sin embargo, pienso que a la larga eso no sucederá, ¿o sí? Por otra parte, ¿debo escribir literalmente qué siento y pienso acerca de un hecho que nunca queda del todo claro? Pero, ¿conseguiré recordar los detalles?, ¿conseguiré recordar cómo me sentía? No lo sé.

Pese a todo espero que escritos como éste, en los que reflexiono sobre el cómo y no solo el qué (además de, como siempre, reflexionar sobre la propia reflexión), den buena cuenta en el futuro de lo que era (soy) a través de lo que digo, lo que no, de cómo lo hago o no. Por cierto, he de comprar urgentemente lo que será el soporte para mi proyecto de libro-diario. No es más que el esfuerzo por escribir de forma más literaria. Me gusta la idea de tener que plantearme la forma que habré de dar a lo escrito, unas veces técnico, otras discursivo, poético o simplemente descriptivo. La idea es sobre todo cambiar de registro como hasta ahora hago, pero a conciencia.

Miro a mi alrededor y toda la gente escribe y escribe, como yo.

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