Tanatografía

6 abril, 1997

Semana santa

Publicado en Autoayuda, Biografía, Escritura, Reflexión

[Sevilla.]

Me enorgullece poder anotar lo contento que estoy por haber conseguido realizar el proyecto de vacaciones que deseaba para mí. Estas han sido, tal vez, las mejores vacaciones que me he tomado, sobre todo porque son las primeras en las que he actuado como realmente deseaba. (Me repito.) Lo fundamental es la actitud con que he encarado mi nueva vida. Y es que prácticamente no me reconozco: todos los días de juerga, saliendo hasta las tantas, llegando más tarde y más borracho que nadie, ligando, charlando… sin el más mínimo problema respecto a las demandas de nadie, ni las mías. Hoy mismo he disfrutado de una agradable velada que, de hecho, todavía continúo en la soledad de la escritura. Al principio la noche se presentaba como el resto, con los visos de borrachera acostumbrados, aunque al final nos hemos quedado en casa, fumando, bebiendo también y sobre todo charlando.

 

Lo humano es una paradoja temporal, o mejor, una paradoja generada por la dimensión de lo que denominamos tiempo, ese incesante suceder de instantes sin duración. Lo humano es el ser como verbo, una continua dinámica, como pez que se muerde la cola, círculo vicioso, o cristalización de no-sé-qué sustancia, cuyo fin es pensar lo real,[1] siendo este pensamiento y la propia realidad generados desde el lenguaje, por tanto carentes de la componente real. Metafóricamente, es como soñar con quien te sueña, sabiendo que por el carácter del sueño nunca podrá encontrarse consigo mismo.[2] La 4ª dimensión (Marcel Duchamp).

 


[1] No hablo todavía de Lo Real en el sentido lacaniano, que aparecerá más adelante.

[2] Sí, estoy plagiando a Borges, en Las ruinas circulares (1940) o Libro de sueños (1976), que no descubriré hasta justo ese Verano pocos meses después.

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