Tanatografía

1 junio, 1997

La experiencia trascendental

Publicado en Ciencia, Ma(k)ia, Reflexión

Del modo en que yo lo entiendo, esto de la meditación trascendental [1] es un fenómeno nuevo para el mundo occidental, tomado de culturas que lo practican desde siempre. Al contrario de esa relación natural, nosotros lo filtramos a través de nuestra perspectiva cientifista, utilitarista y cristiana. Hemos tomado algo que no es nuestro y queremos adecuarlo a nuestra realidad. Esto produce que entendamos la cuestión tan equívocamente. Esta práctica, tal como la describen, suena demasiado a visiones esencialistas, teñidas de misticismo.

Es como una revelación: no tienes voluntad para convocarla; pueden acceder todo tipo de personas sin importar su nivel cultural; te otorga un conocimiento inmediato y absoluto más allá de la acumulación de experiencias propias, la sabiduría perfecta; sientes que eres uno con el universo; etc. Pero no es nada nuevo, lo mismo dicen los defensores del LSD, los románticos con su experiencia estética, Santa Teresa y Platón. ¿Se trata de una alucinación o hay un más allá donde tomamos conciencia de nuestro ser? La respuesta que se me ocurre es la primera aunque con matices, debido al asombroso parecido en la descripción de este fenómeno por gente alejada culturalmente, tanto en el tiempo como en el espacio. Además, ante tal enigma la vía es la profunda investigación y no la opinión, que expondré ahora.

Esta forma de conocimiento trascendental es el siguiente estadio en el desarrollo humano. Esta, no sé si decir habilidad, facultad, capacidad o qué, la entiendo como una extensión de lo humano. Somos así. (Es difícil expresar algo que en mente está más claro.) La realidad cambia continuamente pero nosotros la fragmentamos, creando tanto la sensación estática del momento, como lo que denominamos transición. Es en estos periodos, como el que ahora vivimos, cuando al enfrentarse distintos paradigmas se confunden y malinterpretan las ideas. Bajo las coordenadas de la posmodernidad se demanda un conocimiento directo, inmediato, y aquí entra la meditación.

Todas las culturas poseen un medio para contactar con la realidad trascendental o más allá, pero entiendo que no es hasta ahora cuando la necesidad y las circunstancias lo requieren a nivel general. Como ocurre en todos los cambios, esta nueva forma de conocimiento está teñida de consideraciones que no le son propias, porque todavía no se ha definido, y este equívoco lleva a pensar en el contacto con algo superior, extra o sobrehumano. Entonces volvemos a caer en la mistificación y la creencia. Yo abogo por humanizar la experiencia, es decir, tomar conciencia de que es una práctica humana, no del más allá, como en su momento el Logos y después la ciencia, el inconsciente o la fractura lingüística; tan humana que acabará banalizándose y será necesaria la creación de nuevos mitos. Yo me considero abierto ante todo esto, aunque soy crítico. Hay mucho que investigar para desmitificar, frente al interés que pugna por desvirtuar este fenómeno para controlar la población. Pero estos temas serán tratados más adelante.

 


[1] La forma de referirme a la experiencia mística, éxtasis, trance, percepción extrasensorial, experiencias cercanas a la muerte, viajes astrales, apariciones marianas, contacto extraterrestre…

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