Tanatografía

5 diciembre, 2003

Lo que sucede

Publicado en Reflexión

La cuestión es siempre la misma, lo que varía es la forma de plantearla: ¿qué es lo que sucede?; ¿qué hacer en consecuencia?; ¿cuál es la consecuencia del acontecimiento? Lo indudable es la evidencia del continuo cambio, que no por evidente es menos desconcertante. Si lo posmoderno constituyó el grado de conciencia que disemina la cultura antropocéntrica, su consecuente apertura hacia los límites topa con uno superior al humano: la escala planetaria. La híper-sofisticación de las herramientas precipita una nueva configuración sincrónica, donde la aceleración da entrada a una dimensión que desplaza la vigencia del espacio por el tiempo; las nuevas fronteras que nos separan son franjas horarias.[1] No es la misma cosa tener capacidad para comprender lo que sucede, que tenerla para compartirlo con los demás. De qué trata todo esto, a fin de cuentas.

Vivimos en medio del proceso de desarrollo de la civilización, atravesados por los acontecimientos que nos transforman, pero que a la vez desconocemos al estar inmersos en lo que sucede. La dificultad de la cuestión existencial no depende de la existencia, sino de la construcción cultural que la posibilita. La experiencia vital de la existencia es inmediata, absoluta, arrebatadoramente unitiva, sin embargo, la mediación cultural la presenta de forma contradictoria, al pretender elaborar esta omnicomprensión a escala humana. El problema es que la aventura humana en pos del conocimiento es la mascarada que en realidad guía el control de ese conocimiento en pos del dominio de unos sobre otros.

El problema es que la cuestión deviene problema y por eso, el mero hecho de tratar de comprender lo que sucede comporta un ejercicio conflictivo, porque hace de una cuestión moral un posicionamiento político. Manifestar públicamente una mínima sospecha se convierte en un atentado contra el orden establecido.[2] Claro que al final se trata de una cuestión personal, se trata de demostrar que es posible decirlo y no me refiero al desafío imposible de nombrar a dios. Se trata de constatar, mediante la participación de la cultura, su propia mascarada, su contrasentido. ([Escucho:] «Spaceboy, Don’t you wanna be free? So, bye bye love.» [3]) Me digo continuamente, pero no es a mí a quien debo convencer; el reto es proponer modos posibles de pensar coherentes con su circunstancia. Entonces, ¿cuál es mi incoherencia, por qué no consigo llevarlo a cabo, la necesaria incompletud vital, mi incompleta circunstancia? Puedo ver, pero estoy atrapado. Enteógenos ya, no veo más.

 


[1] El Cibermundo, la política de lo peor (1997) Paul Virilio. (Leer.) Mi trabajo sería “impresionismo científico”.

[2] ¿Orwell?

[3] “Chico espacial, ¿no quieres ser libre? Entonces, adiós amor.”(Traducción libre.) Hallo Spaceboy (1997) David Bowie.

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