Tanatografía

19 noviembre, 1994

Más sueños

Publicado en Ma(k)ia

Bajamos por el filo de un acantilado costero. A la derecha está el mar y la costa se va transformando en obras progresivamente. El desnivel es muy grande y miro hacia abajo. Unos indios peruanos, con camisetas, vaqueros y botas de montaña, tratan de construir un puerto. A pesar de lo que esperaba, los indios no nos devuelven la mirada, sino que miran más alto, hacia unas grandísimas y magníficas rapaces. Las miro y veo como planean cayendo en picado rozando nuestras cabezas. Nadie siente miedo, yo disfruto. Al final se posan a nuestro lado.

 

Despierto a las 11 para volver a dormir. Y siguen mis sueños. Es de noche y patino por Badajoz y Barcelona mezclados. No sé si voy en patines o monopatín, o quizá en ninguno de ellos y simplemente me deslizo sobre el suelo. Al principio hay muchos coches circulando y los sorteo haciendo cada vez más filigranas. Tengo una percepción de mí más objetiva que subjetiva, donde también noto que Pablo va conmigo.

Después estoy solo en Badajoz, no hay ni un alma y doy saltos entre los coches aparcados. Atravieso un callejón en dirección a mi barrio,[1] hay gente de mi bloque que admira lo que hago. Llego patinando hasta mi casa y un vecino, que es policía, está tirado en el suelo porque su moto no anda. Me paro y le ayudo, recogiendo las piezas que se le han caído, pero sin las cuales la moto podía andar perfectamente. Me acerco y sostiene una bujía entre sus dedos, mirándome con cara de: “Era ésto.» Me despierto. Son las 12:30.

 


[1] Donde de pequeño me robaron a punta de navaja.

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