Tanatografía

29 diciembre, 2012

El cascabel del gato

Publicado en Ma(k)ia, Reflexión

La expresión “¿Quién le pone el cascabel al gato?“ aparece como conclusión y moraleja de la fábula Los ratones y el gato. Aunque está escrita respetando la tradición oral de Esopo no se encuentra entre las atribuidas a este autor, cuya existencia histórica se confunde con la sabiduría popular que representa, como también sucede con Hesíodo, Homero, Cristo y al parecer, hasta el mismísimo Shakespeare. El primer registro se remonta a comienzos del siglo XIII en Parabolae, un libro de sermones escrito por Odo de Cheriton que recopila las fábulas grecolatinas clásicas y medievales con otras contemporáneas, traducido y ampliado en castellano un siglo más tarde con el título El libro de los gatos. Un posible error o casualidad en dicha traducción[1] ya induce a pensar que el argumento de la fábula, cumpliendo su función específica, alude al miedo infundido en los propios hombres de Dios por la institución que rige Sus mismos designios.

Esto es un claro ejemplo de cómo las más sencillas historias codifican poderosas lecciones que determinan nuestro comportamiento, desde el más profundo inconsciente. Y si analizamos en profundidad, este cuento narra la imposibilidad individual de hacer frente a un depredador natural, o imperativo de la supervivencia, y cómo la única solución posible resultado del consenso colectivo concluye con la infame sentencia moralizante que tenemos en mente. Es decir, esta frase hecha es un recurso mnemotécnico que empleamos cuando no sabemos cómo solucionar un inconveniente y resolvemos la consecuente frustración con el sacrificio de algún chivo expiatorio.

Regresando a la metáfora de la fábula, el problema reside en que la cuestión no es quién habrá de pagar por nuestros errores, ni siquiera al identificar el gato como objeto de la fatalidad; la respuesta es el cascabel, como símbolo de advertencia que precede al peligro, para saber reconocerlo cuando acecha. La pregunta es inmediata: ¿qué indica el cascabel, si no los peligros de la construcción simbólica en sí misma, propiamente dicha? O, en otras palabras, ¿cómo asumir lo que escapa a nuestro conocimiento?

 


[1] Cats, cátaros, catalanes. El conocimiento secreto (2009) Jose Luis Espejo.

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