28 octubre, 1994
Sueños
Publicado en Autoayuda, Ma(k)ia
He tenido otro sueño: Acababa de salir de clase en Mérida y me montaba en el tren con los compas. Lo extraño era que en lugar de volver a Badajoz, tratábamos de pasar la frontera a Francia, donde hablaban en inglés. Como no nos dejaban pasar, nos sentamos al lado del paso a observar. El paisaje era muy raro, la tierra árida y justo al lado del camino que conducía a la frontera había un canal de riego y al otro lado, un paisaje como los pantanos de Nueva Orleans [1] pero pintados por Milo Manara.[2] La luz que iluminaba todo era la del típico sol extremeño. Mientras esperábamos llegó un coche deportivo. Lo ocupaban unos chicos y parecía que lo habían robado. Yo, que miraba a través de unos prismáticos o algo parecido, lo comenté en voz baja pero me oyeron, viniendo hacia mí muy enfadados. El que parecía el jefe, siempre hay uno, comenzó a empujarme y cayó los prismáticos al suelo. Quería pelea. Con sus empujones me llevó hasta una casa donde empezamos a pegarnos.[3]
La cosa estaba igualada y ninguno de los dos había tocado seriamente al otro, hasta que llegué a un interruptor y apagué el sol. La habitación quedó a oscuras, solo iluminada por la luna. Con la ceguera momentánea, aproveché y le sacudí un par de veces, mientras él o no conseguía tocarme o lo hacía tan poco efectivamente que ni lo notaba. Al fin cayó desplomado; había ganado. Recogí lo que había caído al suelo, ahora creo que era una videocámara, y salí de la casa, donde me recibieron mis amigos. Ya podíamos pasar la frontera, que era una especie de estación de metro mezclada con un bar-restaurante de carretera. Pero para pasar había que pagar. El precio era justo lo que llevaba en el bolsillo. La cobradora trató de explicarme lo que tenía que hacer, creyendo que no entendería el inglés, pero cuando acabó y pagué, me despedí con un correcto acento británico y ella se sorprendió. Antes de seguir el viaje, mi madre pidió algo de comer. Al terminar, bajamos por unas escaleras para continuar el viaje en tren, en realidad el metro de Nueva York. Una vez dentro, busqué en el mapa la estación de la calle donde quería ir, pero era demasiado complicado. Había tal número de líneas y tan enredadas que me sería imposible encontrarlo.[4] Ahí acabó el sueño.
Luego he tenido otro del que solo conservo fragmentos. Estaba con un amigo, no sé quién. Y había una chica que aparecía y desaparecía de vez en cuando, como en una película. Y es que era eso, un rodaje, aunque al principio no me enteré. Lo supe cuando en una habitación, la de montaje, revisaban los rollos de la película. Recuerdo que estaban mirando el storyboard de una escena. Era esto mismo. Y ponían la mano encima del pecho de la chica para, según ellos, dar movimiento a la escena. Se reían. No recuerdo más.
[1] La cosa del pantano (1982-1987) Alan Moore y Stephen Bissette, John Totleben, Rick Veitch, Alfredo Alcalá.
[2] Verano indio (1986) con Hugo Pratt.
[3] No lo he hecho en mi vida, igual que otras actividades asociadas al sexo masculino.
[4] Promethea nº14, Moon River (2001), también de Alan Moore junto a J. H. Williams III.