Tanatografía

13 noviembre, 1996

Vivir

Publicado en Autoayuda, Escritura, Ma(k)ia

Escribo estas líneas sosegado interiormente, debido al día tan ejemplar que hoy ha sido. A pesar de haber comenzado faltando a clase, el resto justifica con creces esa minucia. Algo que también me anima es darme cuenta mientras escribo de lo mal que lo hago. La alegría se debe a la propia consciencia de hacerlo mal, cuando todavía estoy a tiempo de cambiarlo. No sé, estar bien conmigo me pone eufórico. Estoy escribiendo a una velocidad que lo hace patente. Y eso que ayer estaba exactamente al revés. Sinceramente, poco ha cambiado desde que comenzara mi crisis, hace ya tres o cuatro años. Sigo igual y la gente me sigue viendo como entonces, la diferencia es que ahora no vivo engañado. Soy imbécil, pero no gilipollas perdido.

Ser consciente facilita el poder cambiarse, si se quiere. También es verdad que no he cambiado nada, bueno algo sí, pero lo que importa es que lo sé. Conocer es tranquilidad y lejos quedan los tiempos del ¿quién soy yo? Sigo queriendo ser quien admiro, sigo sin evitar caer en el hastío y la dejadez interior, sigo haciendo cosas que realmente no quiero hacer y sigo asintiendo a opiniones contrarias. Me da igual porque estoy en ello. Hay que juntar las piezas y verlo en su conjunto, objetivándolo. Espero que de tanto repetirme se me quede algo.

El quid radica en estar constantemente en guardia, no caer en la inconsciencia, no dejarse llevar. Hay que ampliar los breves momentos de lucidez a las 24 horas del día, los 365 días del año, todos los años del resto de mi vida. En cada momento es preciso recordar quién es uno, para no equivocarse con el resto. No se trata de mejorar, tampoco de vivir mejor o peor, ni llegar a nada, ni dejarse llevar. Hay que ser consecuente con uno mismo y VIVIR. Conflictos y putadas incluidos.

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